Un estudio de los suelos de Inglaterra y Gales ha revelado que el dióxido de carbono escapa a la atmósfera más rápidamente de lo que se creía, lo que contribuye al calentamiento global. En la investigación, dirigida por el profesor Guy Kirk de la Universidad de Cranfield, se tomaron muestras de 5.662 lugares, que comenzaron a examinarse en 1978, en el marco del "Proyecto Nacional de Experimentos sobre Suelos". Se volvieron a tomaran muestras en los mismos lugares en 2003 para comparar los niveles de carbono, y se descubrió que éstos eran un diez por ciento inferiores a los de 1978. El profesor Kirk declaró a la vista de esos resultados que es más urgente que nunca actuar contra el cambio climático porque, si no se toman ya medidas, el calentamiento de la atmósfera será cada vez más rápida.
Protocolo de Kioto, que no ha firmado, entre otros, el mayor contaminante del planeta: Estados Unidos.
Un estudio encargado por la Fundación Vida Silvestre Mundial (WWF) a un grupo de científicos del Panel Intergubernamental del Cambio del Clima, detectó que los últimos 14 años resultaron los más cálidos desde 1860 hasta ahora, como consecuencia del calentamiento global. La investigación confirmó que la temperatura tuvo un incremento de un grado en los últimos 150 años, aunque se prevé que a partir de 2030 pueda haber un aumento de entre dos y seis más.
Las ondas de calor y las jornadas de temperaturas extremadamente altas en Europa pueden convertirse en habituales, según refleja el estudio, por lo que cada año llegarían a registrarse más de 40 días con un promedio de 35 grados.
Desde 1995 hasta 2003, el clima estuvo caracterizado por olas de calor extremas. Sin embargo, en los dos últimos años, la lluvia fue la característica habitual de las estaciones cálidas en el viejo continente.
A su vez, la WWF anunció que en la zona norte del Mediterráneo, las precipitaciones bajarán 30% y provocarán un elevado riesgo de incendios.
¿QUÉ ES EL PROTOCOLO DE KIOTO?
Los gobiernos acordaron en 1997 el Protocolo de Kioto del Convenio Marco sobre Cambio Climático de la ONU (UNFCCC). El acuerdo ha entrado en vigor sólo después de que 55 naciones que suman el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero lo ha ratificado. En la actualidad 129 países, lo han ratificado alcanzando el 61,6 % de las emisiones como indica el barómetro de la UNFCCC.
El objetivo del Protocolo de Kioto es conseguir reducir un 5,2% las emisiones de gases de efecto invernadero globales sobre los niveles de 1990 para el periodo 2008-2012. Este es el único mecanismo internacional para empezar a hacer frente al cambio climático y minimizar sus impactos. Para ello contiene objetivos legalmente obligatorios para que los países industrializados reduzcan las emisiones de los 6 gases de efecto invernadero de origen humano como dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6).
KATRINA Y LA OTRA GUERRA MUNDIAL
La realidad que vive la especie humana, sin parangón en la historia, en un mundo globalizado, complejo e incierto que cada día se vuelve de mayor riesgo, ha enviado una nueva advertencia. Quienes nos dedicamos a investigar y divulgar la crisis socio ecológica a escala global disponemos cada día de más argumentos que demuestran la existencia de cuatro o cinco fenómenos, que son los primeros efectos del cambio climático provocado por la contaminación industrial. Uno es el incremento en número e intensidad de los huracanes. No se trata de "fenómenos o desastres naturales", sino de procesos híbridos, cuyo origen es una mezcla de factores naturales y sociales. Los meteorólogos, climatólogos y geofísicos que estudian los eventos ciclónicos señalan el carácter inédito de los recientes huracanes en intensidad, frecuencia y tamaño, como resultado del calentamiento global que la civilización industrial ha provocado en el ecosistema planetario.
Estados Unidos, que hoy ha sufrido el "desastre natural" más grande de su historia después del terremoto de 1906, es la única nación que se negó a signar en 1992 el Convenio sobre Biodiversidad (dirigido a preservar la variedad de la vida) y que sigue rechazando el Protocolo de Kyoto (que busca disminuir los contaminantes industriales que provocan el "efecto invernadero"), no obstante ser el país que emite mayor cantidad de bióxido de carbono a la atmósfera, con una industria descomunal y un parque vehicular de más de 220 millones de automóviles. La ironía se hizo estelar cuando los reportes informaron que los efectos dañaron 20 plataformas petroleras, ocho refinerías y numerosos ductos y provocaron el cierre de toda la actividad petroquímica del sureste de Estados Unidos, obligando al presidente Bush a autorizar el uso de 30 millones de barriles de la reserva estratégica de petróleo. Esta situación ha llevado a un aumento del precio de las gasolinas a niveles históricos: en Florida había alcanzado el impensable precio de 3.5 dólares el galón y en algunos sitios se había ido hasta 5 dólares.
La contaminación de la atmósfera es provocada por los gases que genera la industria que se alimenta de petróleo, causa fundamental (con la deforestación) del calentamiento del planeta, que a su vez produce nuevos fenómenos, como los recientes huracanes, el último de los cuales se enfiló sobre las fuentes petroleras como si fueran objetivos militares.
Parecería increíble, pero el círculo quedó cerrado: la secuencia de causas y efectos retornó al comienzo. Este fenómeno, que en términos cibernéticos se conoce como feedback, es en palabras llanas el "efecto bumerán".
Katrina la irónica no ha sido un fenómeno aislado, sino el último evento de una secuencia de fenómenos de gran envergadura que en conjunto integran una especie de "guerra mundial". En esta nueva guerra de escala global se escenifican batallas entre conglomerados de la sociedad y las fuerzas titánicas de una naturaleza violentada por la especie de mamífero sin pelo que domina el planeta. Lo peculiar es que esas fuerzas desatadas por la acción humana discriminan entre países ricos y pobres o entre sectores opulentos y marginados.
En la última década, la naturaleza ha descargado su furia sin distinción. Los incendios forestales que en 1997-98 arrasaron millones de hectáreas de selvas tropicales generaron catástrofes en Indonesia, Brasil, México, Centroamérica y países africanos. Las agudas sequías recientes afectaron a los marginados del norte de Africa, en tanto el huracán Mitch (1998) devastó a los pueblos empobrecidos de México y Centroamérica.
En los años más recientes, los impactos devastadores se fueron sobre las sociedades opulentas: una impredecible borrasca inundó en 2002 a la República Checa, Alemania y Austria; los incendios forestales asedian a Portugal desde hace tres años, y la infernal canícula del verano de 2003 rompió los máximos históricos en las temperaturas de España, Inglaterra y Alemania; sólo en Francia dejaron 15 mil muertos (mayoritariamente ancianos).
Las escenas vistas en estos días, que movilizan ejércitos y sistemas de emergencia, y que ponen a las naciones en estado de alerta (los daños causados por Katrina se estiman en 100 mil millones de dólares) son las mismas dramatizaciones, pero de otra clase de guerra. Una guerra que la especie humana convertida en "sociedad del riesgo global" ha comenzado y que es imposible que gane. Las ironías de Katrina son una nueva advertencia.
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