El Polo de Dock Sud tenía en sus orígenes, en la década de 1920, unas pocas cuadras de extensión. Era una zona de quintas, según cuentan los que allí viven. Hoy refinerías y plantas de recepción y almacenaje de petróleo y de productos químicos ocupan sus 40 kilómetros cuadrados de superficie. Además del millón y medio de metros cúbicos de combustibles y cientos de miles de metros cúbicos de otros productos químicos con un alto grado de toxicidad, está Tri Eco S.A., una de las principales plantas de residuos especiales y patogénicos de la provincia de Buenos Aires, donde se incineran los desechos de varios hospitales de la Capital Federal. En la zona trabajan tres mil personas, pero son 120 mil las que están directamente afectadas. Viven en el partido bonaerense de Avellaneda, y los barrios porteños de La Boca y Barracas. Pero, según afirman, el perjuicio llega a 3 millones de vecinos de las localidades que surcan el Riachuelo, donde “sin control”, unas 50 empresas arrojan sustancias sumamente tóxicas: tolueno, xileno y benceno son las que más abundan. La contaminación llega al aire, agua, suelo y subsuelo. Y las bases de datos estatales confirman esta situación.
El área industrial denominada Polo Petroquímico está demarcado por el Riachuelo, el Arroyo Sarandí, el Río de la Plata y la Avenida Roca. La mayoría de las compañías están ligadas al tratamiento del petróleo. También hay fábricas de pintura y curtiembres que desechan elementos contaminantes de alta peligrosidad. A esto se le suman los gases tóxicos que expiden unas 80 líneas colectivos y los 5.550 vehículos diarios que transitan por la autopista y las principales arterias. Y como si fuera poco, se agrega la actividad portuaria que anualmente mueve unos 2.700 buques.
El Biólogo Raúl Montenegro, presidente de FUNAM, indicó que la situación es extremadamente grave porque en casos de inversión térmica de superficie o fenómenos prolongados de calma “todos los contaminantes que se descargan simultáneamente crean un cocktail de contaminantes primarios, que son aquellos que conservan la estructura química con que se los descargó, y de contaminantes secundarios, que resultan de las combinaciones químicas registradas en la atmósfera. Como las personas inhalan aire, consumen en realidad ‘segmentos’ de ese cocktail. El problema no es solamente el benceno, el tolueno o cualquier sustancia química aislada, sino esas sustancias, una por una, y el conjunto que forman y que actúan simultáneamente. Todas ellas y sus combinaciones desencadenan una serie de efectos, no un efecto único. Es como si los pulmones, la piel y otros órganos expuestos fueran lugares de experimentación química. A medida que varían las descargas y las condiciones ambientales varía ese experimento, que es mucho más peligroso para los niños. Como estos tienen un peso y volumen más pequeño, una mayor superficie de exposición en relación con su volumen y un metabolismo generalmente muy alto los efectos pueden ser notables aunque los contaminantes estén a menor concentración. Considerar a los contaminantes en forma aislada no es sensato ni razonable. El organismo siempre está expuesto a un conjunto, no a un contaminante por vez”.
Los procesos de combustión y destilación del petróleo producen la liberación de gases como el xileno, tolueno y benceno, que generan trastornos agudos y crónicos en los seres humanos. Nerviosismo, irritabilidad, convulsiones y trastornos en los nervios periféricos, son algunos de los rasgos que los doctores identifican en su trabajo diario con los chicos de Avellaneda, así como también importantes enfermedades respiratorias y afecciones en la sangre que pueden derivar en leucemia.
Estudios realizados por la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires con los aportes de la Agencia de Cooperación Internacional Japonesa (Jaica, por sus siglas en inglés) indican que la mitad de los 114 chicos, de entre 7 y 11 años de la zona que fueron analizados, presentan plomo en la sangre. El 20 por ciento de ellos fueron identificados con altos niveles de riesgo y se les recomendó un tratamiento médico. Citando un estudio de la Asociación de Médicos Municipales. El 50 por ciento de los chicos que habitan zonas contaminadas van a tener trastornos del desarrollo psicológico. Eso trae trastornos madurativos y no tiene retorno. El 80 por ciento de la población estudiada está afectada por benceno.
La Agencia Internacional de Estudios sobre el Cáncer, IARC, establece que el benceno es un cancerígeno grado 1. El tolueno es un líquido incoloro e inflamable que se utiliza en varios productos como solvente. Puede producir mutaciones en células vivas y afectar el desarrollo del embrión y feto humanos. Tiene capacidad para dañar hígado, riñón, cerebro y médula espinal. Esto último suele provocar una disminución en el conteo de células sanguíneas. Exposiciones agudas, por ejemplo en quienes lo inhalan como droga, puede irritar nariz, garganta y ojos, y causar confusión, dolor de cabeza, disminución en los reflejos, pérdida de conciencia y muerte.
Según el médico del Argerich, “la solución es mudar a las empresas, que fueron mudadas de países de origen por no cumplir con el tratamiento de residuos tóxicos aéreos, y que fueron traídas aquí por funcionarios corruptos”.
El Docke es "zona liberada" de todo tipo de control; los gobiernos nacional, provincial o municipal son impotentes para imponerles a las patronales cualquier regla que ponga coto a la destrucción del medio ambiente y la vida humana. Las gruesas irregularidades están a la vista: hay un puerto propio (Puerto Piojo) desde donde se embarca y desembarca a pedido, bajo la "atenta" mirada de la Prefectura. Existen empresas (Exolgan, por ejemplo) que reciben y envían containers cuya carga es desconocida para la autoridades. Hace pocas semanas, fueron descubiertos (por una pérdida de líquidos) que había en depósito desechos químicos peligrosos importados desde Europa (basura nuclear). Incluso las empresas que operan en la zona (más de cincuenta) "no están registradas ni por la Secretaría de Política Ambiental de la Provincia de Buenos Aires, a cargo de la fiscalización, ni por la Prefectura Naval Argentina, seguridad del Polo; ambas instituciones aseguran que son 22 las empresas instaladas en la zona"
Los compuestos químicos almacenados en el Polo son una bomba de tiempo. Más aún considerando que, como señaló el Defensor del Pueblo de Avellaneda Juan José Vila, el sistema de seguridad contra incendios del Puerto de Dock Sud está obsoleto. Una explosión en la zona del Polo Petroquímico produciría una situación grave a más de 40 kilómetros de la zona. Es decir que afectaría a toda la ciudad de Buenos Aires y parte de la provincia.