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La Coctelera

Educando al Soberano: LOS SERES VIVOS

Cada ser vivo -vegetal o animal-, es un individuo si se considera en relación a la especie a la cual pertenece.
Desde el punto de vista de la ecología, un conjunto de individuos de una especie que ocupa un lugar determinado en el mismo tiempo forma una población. Las poblaciones no son estables sino que se modifican según una serie de factores: variaciones climáticas, adaptación al medio, enfermedades, epidemias, acción de predadores, escasez de alimentos y el movimiento de los propios individuos en el territorio en procesos de migración.
El conjunto de poblaciones de distintas especies que habitan en una misma área recibe el nombre de comunidad. Por ejemplo, el conjunto de poblaciones de hormigas y escarabajos del ecosistema bosque constituye una comunidad de insectos del mismo.

LA INTERACCIÓN ENTRE LAS ESPECIES

Cada especie tiene una función y ocupa un lugar en el espacio físico. Las relaciones entre individuos de distintas especies pueden ser de competencia, predación, parasitismo, mutualismo y comensalismo. Existe relación de competencia cuando los individuos deben luchar en el ambiente por adueñarse de un determinado recurso, que puede ser el espacio, la luz, la seguridad, el alimento, etc. La relación de predación es aquella en la que un organismo captura a otro para nutrirse de él. El parasitismo sucede cuando un organismo se alimenta de otro viviendo sobre él o en su interior durante toda o la mayor parte de la vida del otro. Así, son parásitos del perro tanto la garrapata como la lombriz solitaria.
En el primer caso se habla de ectoparásito (vive fuera del cuerpo del animal), y en el segundo, de endoparásito (habita dentro del organismo). En el mutualismo los individuos de dos especies se encuentran asociados recibiendo algún tipo de beneficio que no podría ser alcanzado por separado. Cuando esta asociación aporta beneficios sólo a una especie sin dañar a la otra se denomina comensalismo.

LA BIOSFERA

La biosfera es la parte de la Tierra donde se desarrollan los seres vivos.
Abarca desde los 8 o 10 km. sobre el nivel del mar hasta unos pocos metros de profundidad en el suelo, donde llegan las raíces de las plantas para absorber los minerales. Incluye también las aguas de los océanos desde su superficie hasta las regiones más profundas. En toda su extensión mide alrededor de unos 20 km.
Los medios acuáticos, donde se originó la vida, son dos: el marino, abundante en sales, y el de agua dulce, con pocas sales.
Dos características de ellos son la densidad del agua, que es un adecuado sostén para los organismos y a la vez un obstáculo para sus movimientos, y la profundidad. Esta última, relacionada con la cantidad de luz que se abre paso desde la superficie, determina la existencia o inexistencia de plantas.
El medio terrestre muestra notables diferencias con el acuático. La fuerza muscular para desplazarse por el suelo, ya sea trepando, reptando o caminando, debe ser mayor que la que se necesita en el agua. Ante ello, la mayoría de las especies animales que ocuparon la tierra debieron desarrollar extremidades aptas para la locomoción. No faltan, sin embargo, formas reptantes, que en general están limitadas a la superficie del suelo y a su interior.
El medio aéreo está colonizado tanto por plantas como por animales. Los vegetales recurren al aire para la diseminación de las semillas o esporas, lo que les permite ampliar el área de dispersión de la especie. Los animales mejor adaptados a ese medio han desarrollado dos características: estructuras corporales livianas y órganos adecuados para el movimiento en las alturas, generalmente alas o membranas.

LOS BIOMAS

Todo espacio ecológico dotado de características geográficas, vegetales y animales distintivas es un bioma. La superficie del planeta se divide en biomas, determinados en principio por las características de humedad, temperatura y precipitaciones anuales. Todo bioma posee una vegetación determinada y sus límites están demarcados por diversos factores, entre ellos, la disponibilidad o no de agua, la mayor o menor cantidad de luz y la amplitud de temperaturas.
Según la subdivisión más habitual, los principales biomas terrestres son: la selva, el bosque, la sabana, la pradera, la estepa, la tundra, la taiga y el desierto.

Informe 06: DESASTRES ECOLOGICOS

La contaminación con plaguicidas, los derrames de petróleo en el mar, los peligros de la radiación nuclear y los incendios forestales amenazan a los ecosistemas de la Tierra. Es esencial para la defensa de la vida en el planeta que se difundan y analicen los errores que han llevado a situaciones de grave daño ecológico.

LOS DERRAMES DE PETROLEO

Una de las mayores causas de la contaminación oceánica son los derrames de petróleo. El 46% del petróleo y sus derivados industriales que se vierten en el mar son residuos que vuelcan las ciudades costeras. El mar es empleado como un muy accesible y barato depósito de sustancias contaminantes, y la situación no cambiará mientras no existan controles estrictos, con severas sanciones para los infractores.
El 13% de los derrames se debe a accidentes que sufren los grandes barcos contenedores de petróleo, que por negligencia de las autoridades y desinterés de las empresas petroleras transportan el combustible en condiciones inadecuadas. En los últimos años, algunos de los más espectaculares accidentes fueron el del buque-tanque Valdés de la Exxon, ocurrido frente a las costas de Alaska el 24 de marzo de 1989, y el del petrolero Mar Egeo, el 3 de diciembre de 1992, frente a la entrada del puerto de La Coruña, en España. Otro 32% de los derrames proviene del lavado de los tanques de los grandes buques que transportan este combustible.
Los derrames ocasionan gran mortandad de aves acuáticas, peces y otros seres vivos de los océanos. Esto altera el equilibrio del ecosistema y modifica la cadena trófica. En las zonas afectadas, se vuelven imposibles la pesca, la navegación y el aprovechamiento de las playas con fines recreativos.

LOS ESCAPES NUCLEARES

Ciertas sustancias propagan energía al desintegrarse sus átomos, y también el calor residual -persistente durante años- que generan. Ese fenómeno, conocido como radiactividad, es particularmente intenso en el caso del plutonio.
En la actualidad, 424 centrales nucleares instaladas en 25 países producen el 16% de la electricidad mundial. Algunos países, como los Estados Unidos, presionados por el terrible accidente de Chernobyl, han anulado los proyectos de construcción de nuevas plantas nucleares.
La explosión registrada en Chernobyl el 26 de abril de 1986 liberó gran cantidad de radiactividad. La nube que se formó se desplazó a otros países, por la acción de los vientos. La zona más contaminada comprendió unos 260.000 km2 de las ex repúblicas soviéticas de Ucrania, Rusia y Belarús, y afectó de manera directa a 2.600.000 habitantes.
Las autoridades soviéticas sólo admitieron oficialmente 31 víctimas, pero se calcula que las emisiones radiactivas produjeron 32.000 muertos en los primeros diez años, y que 400.000 personas debieron ser desplazadas de sus lugares. La explosión del reactor nuclear provocó terribles efectos en la salud de la población: aumento de la mortalidad infantil, cáncer de tiroides, incremento de la cantidad de niños nacidos con leucemia, malformaciones, tumores y otras afecciones, que se transmitirán genéticamente. Además, el desastre causó la destrucción de cosechas enteras y la contaminación de alimentos.

INCENDIOS FORESTALES

Anualmente el hombre desmantela cerca de 12.000.000 de hectáreas de bosque tropical. Sin embargo, esta reducción no es la única que sufren las áreas forestales de nuestro planeta; a ella debe agregarse la explotación desmedida que padecen otros tipos de bosques y la pérdida que ocasionan los incendios.
Más de 7.000.000 de hectáreas de selvas, bosques y matorrales se destruyen anualmente por esta causa. Entre los factores que favorecen este fenómeno se encuentran las altas temperaturas, las sequías y gran falta de humedad y los vientos fuertes y secos que contribuyen a la dispersión del fuego. Lo que empieza siendo una chispa, rápidamente se convierte en un foco de fuego que avanza y no se puede detener ni controlar.
En el modo de avance de un incendio forestal se pueden distinguir tres sectores. El nivel más alto, el del fuego que ocurre en la copa de los árboles, es decir donde están las ramas y las hojas, es el de avance más rápido y el más difícil de controlar. A nivel medio, donde crecen los arbustos, el fuego avanza menos rápidamente pero afecta no sólo a éstos sino también al estrato herbáceo -malezas y matas-. En el nivel inferior, por debajo del suelo, el avance se da a un ritmo mucho más lento, pero el daño que ocasiona el fuego cuando llega a esta parte es mayor que en cualquier otro nivel, ya que quema las raíces y carboniza el humus causando pérdidas irreparables.
En muchas ocasiones los incendios se originan de manera natural o a veces en forma controlada, pero, no en pocas oportunidades estas catástrofes ocurren por descuido, en especial en zonas turísticas naturales o en áreas protegidas donde el hombre vive en estrecho contacto con la naturaleza haciendo campamentos y vida al aire libre.

Educando al Soberano: BOSQUES EN PELIGRO

A través de los siglos se han acumulado pruebas de que la intervención humana puede producir innumerables daños en la tierra, el agua y el aire. Una de las formas que asume esa intervención, la deforestación, ha afectado seriamente a los bosques del planeta. Hace unos 10.000 años -es decir, antes del comienzo de la agricultura- ese tipo de bioma se extendía sobre unos 4.200 millones de hectáreas, las dos terceras partes de la superficie terrestre. Hoy, en extensas regiones de Asia, Europa y América del Norte los bosques naturales han desaparecido, y la deforestación amenaza al más extenso de los que quedan, la selva amazónica. La deforestación, que consiste en la destrucción de bosques por tala o quemado, va acompañada por el progreso tecnológico, que a su vez plantea nuevos y más graves problemas.
El fuego y la necesidad de habilitar tierras para la agricultura y el pastoreo arrasan con grandes espacios forestales, pero en el largo plazo los suelos resultan erosionados y empobrecidos por la ausencia de vegetación natural protectora del medio.
En América había grandes extensiones boscosas a la llegada de los españoles. La acción de tecnologías cada vez más destructivas, hizo que en la actualidad sólo una pequeña parte del territorio esté cubierta por bosques. El resto fue talado para obtener leña y maderas de construcción y para la fabricación de muebles, o lisa y llanamente quemado para desmontar tierras que pudieran ser empleadas en la producción agrícola. De ese modo, poblaciones completas de ciertas especies se redujeron considerablemente.
Otros árboles sirvieron como combustible en hornos de fundición de minerales. Los quebrachales del chaco fueron destruidos para aprovechar el tanino, sustancia empleada en el curtido de cueros. A comienzos del siglo XX la zona sur de esta región comenzó a cambiar su fisonomía boscosa, para convertirse en una tierra yerma y despoblada. En estos tiempos, el peligro más serio es el que amenaza a la Amazonia. Esta región selvática, bañada por el río Amazonas y sus afluentes, cuenta con una cuenca de más de siete millones de km2, en territorios de Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Ecuador y las Guayanas.
Desde la irrupción de los colonizadores europeos hasta 1970 había sido deforestado el 0,5% de la selva amazónica; desde ese año hasta 1991 se llegó al 10% (unos 700.000 km2). Las tierras se destinan, en general, a la explotación agropecuaria o la búsqueda de petróleo y la extracción de minerales, y la futura construcción de la gran carretera transamazónica, de 3.000 km. de longitud. Está previsto que para el año 2020 habrán sido levantadas 78 represas, que inundarán 100.000 km2 de territorio. En este verdadero pulmón del planeta conviven 80.000 especies vegetales; 30.000 animales: el 50% de la biodiversidad (número de especies que habitan en una determinada región) de que dispone la Tierra. Muchas de esas formas de vida corren ahora serios peligros, por la creciente destrucción de sus hábitats.

LA DEFORESTACIÓN CREA NUEVOS DESIERTOS

La presencia del bosque determina un intercambio constante de dióxido de carbono y oxígeno entre los organismos vivos y la atmósfera. Las plantas consumen el dióxido de carbono y liberan oxígeno; cuando mueren, ocurre lo contrario. La desaparición de bosques, por otra parte, afecta el ciclo del agua, necesario factor de equilibrio del clima y los cambios atmosféricos. La deforestación modifica los procesos de evaporación y el régimen de lluvias, con cambios climáticos inmediatos que repercuten sobre las posibilidades de supervivencia de gran cantidad de especies, en apariencia no afectadas en forma directa.
La quema anual de 13.500 km2 de bosque tropical, para transformar el terreno en áreas de cultivo o pastoreo, lleva a la desertización. Se llama así al proceso por el cual un territorio que no tenía las características climáticas de los desiertos naturales termina por adquirirlas, a causa de la destrucción de su cubierta vegetal y de la erosión.
Como consecuencia de ello los suelos se empobrecen y las partículas más pequeñas se vuelan por el viento, o bien escurren con las lluvias. El suelo fértil y productivo, que necesita cientos de años para formarse, es también inestable. Para mantener la cohesión y firmeza de sus partículas, requiere de las plantas y especialmente de sus raíces. Y si las plantas son taladas, la erosión debida al agua y al viento deja pronto al descubierto la roca viva que, sólo tras el paso de muchísimos años, podrá volver a ser aprovechada por los vegetales.
En suma, tanto la agricultura como los caminos, las represas y los asentamientos humanos son necesarios; y en territorios nuevos, no pueden hacerse sin deforestar. Pero la eliminación de especies arbóreas no debe exceder ciertos límites; si no existen planes de reforestación racionales, esa intervención sobre el ecosistema tendrá consecuencias gravísimas para la cadena alimentaría y para la vida misma.

Informe 05: CALENTAMIENTO GLOBAL

Un estudio de los suelos de Inglaterra y Gales ha revelado que el dióxido de carbono escapa a la atmósfera más rápidamente de lo que se creía, lo que contribuye al calentamiento global. En la investigación, dirigida por el profesor Guy Kirk de la Universidad de Cranfield, se tomaron muestras de 5.662 lugares, que comenzaron a examinarse en 1978, en el marco del "Proyecto Nacional de Experimentos sobre Suelos". Se volvieron a tomaran muestras en los mismos lugares en 2003 para comparar los niveles de carbono, y se descubrió que éstos eran un diez por ciento inferiores a los de 1978. El profesor Kirk declaró a la vista de esos resultados que es más urgente que nunca actuar contra el cambio climático porque, si no se toman ya medidas, el calentamiento de la atmósfera será cada vez más rápida.
Protocolo de Kioto, que no ha firmado, entre otros, el mayor contaminante del planeta: Estados Unidos.
Un estudio encargado por la Fundación Vida Silvestre Mundial (WWF) a un grupo de científicos del Panel Intergubernamental del Cambio del Clima, detectó que los últimos 14 años resultaron los más cálidos desde 1860 hasta ahora, como consecuencia del calentamiento global. La investigación confirmó que la temperatura tuvo un incremento de un grado en los últimos 150 años, aunque se prevé que a partir de 2030 pueda haber un aumento de entre dos y seis más.
Las ondas de calor y las jornadas de temperaturas extremadamente altas en Europa pueden convertirse en habituales, según refleja el estudio, por lo que cada año llegarían a registrarse más de 40 días con un promedio de 35 grados.
Desde 1995 hasta 2003, el clima estuvo caracterizado por olas de calor extremas. Sin embargo, en los dos últimos años, la lluvia fue la característica habitual de las estaciones cálidas en el viejo continente.
A su vez, la WWF anunció que en la zona norte del Mediterráneo, las precipitaciones bajarán 30% y provocarán un elevado riesgo de incendios.

¿QUÉ ES EL PROTOCOLO DE KIOTO?

Los gobiernos acordaron en 1997 el Protocolo de Kioto del Convenio Marco sobre Cambio Climático de la ONU (UNFCCC). El acuerdo ha entrado en vigor sólo después de que 55 naciones que suman el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero lo ha ratificado. En la actualidad 129 países, lo han ratificado alcanzando el 61,6 % de las emisiones como indica el barómetro de la UNFCCC.

El objetivo del Protocolo de Kioto es conseguir reducir un 5,2% las emisiones de gases de efecto invernadero globales sobre los niveles de 1990 para el periodo 2008-2012. Este es el único mecanismo internacional para empezar a hacer frente al cambio climático y minimizar sus impactos. Para ello contiene objetivos legalmente obligatorios para que los países industrializados reduzcan las emisiones de los 6 gases de efecto invernadero de origen humano como dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6).

KATRINA Y LA OTRA GUERRA MUNDIAL

La realidad que vive la especie humana, sin parangón en la historia, en un mundo globalizado, complejo e incierto que cada día se vuelve de mayor riesgo, ha enviado una nueva advertencia. Quienes nos dedicamos a investigar y divulgar la crisis socio ecológica a escala global disponemos cada día de más argumentos que demuestran la existencia de cuatro o cinco fenómenos, que son los primeros efectos del cambio climático provocado por la contaminación industrial. Uno es el incremento en número e intensidad de los huracanes. No se trata de "fenómenos o desastres naturales", sino de procesos híbridos, cuyo origen es una mezcla de factores naturales y sociales. Los meteorólogos, climatólogos y geofísicos que estudian los eventos ciclónicos señalan el carácter inédito de los recientes huracanes en intensidad, frecuencia y tamaño, como resultado del calentamiento global que la civilización industrial ha provocado en el ecosistema planetario.
Estados Unidos, que hoy ha sufrido el "desastre natural" más grande de su historia después del terremoto de 1906, es la única nación que se negó a signar en 1992 el Convenio sobre Biodiversidad (dirigido a preservar la variedad de la vida) y que sigue rechazando el Protocolo de Kyoto (que busca disminuir los contaminantes industriales que provocan el "efecto invernadero"), no obstante ser el país que emite mayor cantidad de bióxido de carbono a la atmósfera, con una industria descomunal y un parque vehicular de más de 220 millones de automóviles. La ironía se hizo estelar cuando los reportes informaron que los efectos dañaron 20 plataformas petroleras, ocho refinerías y numerosos ductos y provocaron el cierre de toda la actividad petroquímica del sureste de Estados Unidos, obligando al presidente Bush a autorizar el uso de 30 millones de barriles de la reserva estratégica de petróleo. Esta situación ha llevado a un aumento del precio de las gasolinas a niveles históricos: en Florida había alcanzado el impensable precio de 3.5 dólares el galón y en algunos sitios se había ido hasta 5 dólares.
La contaminación de la atmósfera es provocada por los gases que genera la industria que se alimenta de petróleo, causa fundamental (con la deforestación) del calentamiento del planeta, que a su vez produce nuevos fenómenos, como los recientes huracanes, el último de los cuales se enfiló sobre las fuentes petroleras como si fueran objetivos militares.
Parecería increíble, pero el círculo quedó cerrado: la secuencia de causas y efectos retornó al comienzo. Este fenómeno, que en términos cibernéticos se conoce como feedback, es en palabras llanas el "efecto bumerán".
Katrina la irónica no ha sido un fenómeno aislado, sino el último evento de una secuencia de fenómenos de gran envergadura que en conjunto integran una especie de "guerra mundial". En esta nueva guerra de escala global se escenifican batallas entre conglomerados de la sociedad y las fuerzas titánicas de una naturaleza violentada por la especie de mamífero sin pelo que domina el planeta. Lo peculiar es que esas fuerzas desatadas por la acción humana discriminan entre países ricos y pobres o entre sectores opulentos y marginados.
En la última década, la naturaleza ha descargado su furia sin distinción. Los incendios forestales que en 1997-98 arrasaron millones de hectáreas de selvas tropicales generaron catástrofes en Indonesia, Brasil, México, Centroamérica y países africanos. Las agudas sequías recientes afectaron a los marginados del norte de Africa, en tanto el huracán Mitch (1998) devastó a los pueblos empobrecidos de México y Centroamérica.
En los años más recientes, los impactos devastadores se fueron sobre las sociedades opulentas: una impredecible borrasca inundó en 2002 a la República Checa, Alemania y Austria; los incendios forestales asedian a Portugal desde hace tres años, y la infernal canícula del verano de 2003 rompió los máximos históricos en las temperaturas de España, Inglaterra y Alemania; sólo en Francia dejaron 15 mil muertos (mayoritariamente ancianos).
Las escenas vistas en estos días, que movilizan ejércitos y sistemas de emergencia, y que ponen a las naciones en estado de alerta (los daños causados por Katrina se estiman en 100 mil millones de dólares) son las mismas dramatizaciones, pero de otra clase de guerra. Una guerra que la especie humana convertida en "sociedad del riesgo global" ha comenzado y que es imposible que gane. Las ironías de Katrina son una nueva advertencia.

YO GUERRILLERO (II Foro Social de la Triple Frontera)

"Porque vivimos, porque nacimos, porque salimos del agua. Porque soñamos y la tomamos pero vivimos secos". "Inundación". Bersuit

CIUDAD DEL ESTE, PARAGUAY. 21, 22 Y 23 DE JULIO DE 2006

Nos autoconvocamos nuevamente, organizaciones y movimientos sociales de Argentina, Paraguay, Brasil, y Uruguaypara llevar adelante el II Foro Social de la Triple Frontera, en la Ciudad del Este, Paraguay, los días 21, 22 y 23 de julio de 2006, y darle así continuidad a la enriquecedora experiencia que realizamos junt@s en junio de 2004, en Puerto Iguazú,Argentina.
Queremos manifestar, en primer lugar, nuestra preocupación y repudio al ingreso de tropas norteamericanas con total inmunidad en el territorio paraguayo, con la supuesta excusa de realizar "ayudas humanitarias". sabemos, que en realidad, la verdadera intención es instalar una base militar y poder desde allí monitorear la situación de la Región. También persiguen un claro objetivo, apropiarse, junto al Banco Mundial, de nuestros recursos naturales, en especial del Acuífero Guaraní, la reserva más importante de agua dulce del mundo, que puede abastecer a más de 6.000 millones de personas durante 200 años.
No podemos dejar de denunciar que la militarización es parte de un plan integral de dominación, que incluye el avance del Libre Comercio y sus nefastas consecuencias para la vida de todas las personas que nos negamos a ser una "mercancia" y la continua criminalización de la protesta social. Pero a pesar de esta situación, los Pueblos seguimos resistiendo de pie frente al avance del Imperio. Los y las campesinos/as seguimos luchando por nuestros sembrados, contra la contaminación que producen las agroindustrias,en defensa de la vida y la biodiversidad, los pueblos originarios por recuperar definitivamente sus tierras, y los movimientos sociales por construir una verdadera integración, basada en el respeto, la solidaridad y la justicia social y no en las necesidades del "mercado".
Por eso nos vamos a reencontrar en Ciudad del Este, el 21, 22 y 23 de julio de 2006, para potenciar nuestras luchas y resistencias y seguir discutiendo las verdaderas alternativas que queremos los pueblos frente a la apropiación de nuestros recursos naturales, la militarización de la Región y el avance de los Tratados de Libre Comercio, con la convicción de que Otra Triple Frontera es posible, urgente y necesaria.

¡FUERA BANCO MUNDIAL DEL ACUIFERO GUARANI!
TROPAS YANKIS: ¡¡¡TAPEHOPY!!! (yankees,go home)

contactos: secretariafstf@quanta.net.py

Educando al Soberano: LA ATMÓSFERA

La Tierra está rodeada por una masa de aire formada por varias capas, que recibe el nombre de atmósfera. Ésta constituye un verdadero escudo protector que, al filtrar determinadas radiaciones solares mortíferas, hace posible la vida. La atmósfera también proporciona oxígeno y desempeña un papel importante en el transporte de energía, y en el equilibrio térmico entre regiones cálidas y frías.

ESTRATOS ATMOSFÉRICOS

En la atmósfera terrestre se distinguen estratos o capas de distinta composición, que presentan variaciones importantes de presión y temperatura.
La capa inferior es la troposfera, que llega hasta 10 km. de altitud aproximadamente, y soporta los cambios meteorológicos más considerables. Conviene tener en cuenta que es en la troposfera donde se desarrolla prácticamente la totalidad de las actividades humanas. Al nivel del mar, la presión atmosférica es de alrededor de 1.000 milibares, y la temperatura, aunque depende de la posición respecto del ecuador, no suele superar los 30º C. Presión y temperatura van disminuyendo a medida que se asciende. En los límites de la troposfera se registran -60ºC.
Entre los 10 y los 50 km. se ubica la segunda capa atmosférica, la estratosfera. En ella se registra un aumento de la temperatura, que llega a 0º C, por la presencia de ozono, un gas que se dispone en forma de capa y absorbe buena parte de las radiaciones provenientes del espacio exterior. La presión sigue disminuyendo en la estratosfera.
La tercer capa es la mesosfera, ubicada entre los 50 y los 90 km. Se produce un nuevo enfriamiento, registrándose las temperaturas atmosféricas más bajas. Desde los 90 hasta los 400 km. se ubica la ionosfera, denominada así por la presencia de partículas eléctricas de origen solar, que son el resultado de la ionización (disociación de las moléculas de oxígeno en átomos con energía eléctrica). La temperatura asciende bruscamente, hasta alcanzar los 950'C.
Las dos capas siguientes de la atmósfera son la metasfera, entre los 400 y los 720 km., y la protosfera, entre los 720 y los 1.000 km. La presión atmosférica desaparece prácticamente a los 720 km. de altitud. En ambos estratos ya casi no existen otros gases que hidrógeno y helio. Más allá de la metasfera comienza el espacio exterior propiamente dicho.
Desde el comienzo de la llamada Revolución Industrial, a fines del siglo XVIII, la actividad humana ha provocado graves alteraciones en la atmósfera. Gases extraños provenientes de chimeneas, caños de escape de automotores y aerosoles la invaden continuamente y modifican su composición. Este proceso ha dado lugar, fundamentalmente, a tres fenómenos: la destrucción de la capa de ozono, el efecto invernadero y la lluvia ácida.

EL OZONO, UN FILTRO EFICAZ

La capa de ozono es un verdadero filtro de las peligrosas radiaciones ultravioletas que emite el sol. Está compuesta por ozono, un gas cuyas moléculas contienen tres átomos de oxígeno. Si esta delgada faja de nuestra estratosfera desapareciera o se deteriorara, las consecuencias para los seres vivos serían catastróficas. En primer lugar, quedaría destruido el fitoplancton, con la consecuente alteración de la cadena trófica en los océanos, que pondría en peligro a todos los organismos marinos. En el hombre, las radiaciones provocarían serios daños, entre ellos el incremento de los casos de cáncer de piel, el debilitamiento del sistema inmunológico y numerosos trastornos de la visión.
En 1974 se descubrió que los clorofluorocarbonos (CFC) eran los principales responsables del adelgazamiento de la capa de este gas, que llega a rasgarse en lo que se ha llamado agujero de ozono. Los CFC son gases que la industria emplea en gran cantidad; por ejemplo, en los equipos de refrigeración y como medio de propulsión de los aerosoles.
Pronto se comprobó que la destrucción de esta capa alcanza sus mayores niveles sobre la Antártida, durante la primavera del hemisferio Sur. A fines de la década del '80 los países industriales pactaron en Montreal, Canadá, reducir la fabricación de CFC 50% para el año 2000. El esquema previsto comenzó a aplicarse, pero ni la Conferencia de Río de Janeiro en 1992 ni la de Tokio en 1997 lograron que esa posición se mantuviera inalterada. Los gobiernos afrontan crecientes presiones por parte de las industrias que se consideran directamente perjudicadas: la reducción en la elaboración de envases con aerosoles sigue ahora un ritmo mucho más lento. Además, existe gran resistencia a invertir en investigación y en la adopción de nuevas tecnologías.

EL EFECTO INVERNADERO

El efecto invernadero es en principio un fenómeno natural, normal e imprescindible para el desarrollo de la vida. Su existencia hace posible que en la Tierra reinen temperaturas adecuadas para la supervivencia de los organismos vivos. Pero este hecho natural puede convertirse en pernicioso, si es exacerbado por la actividad del hombre.
Funciona como los cristales de un invernadero de jardín. En esas construcciones, las radiaciones solares penetran a través de los vidrios y generan calor en el interior; cuando el sol se oculta, el calor no sale con facilidad, por lo que la temperatura del invernadero es notablemente más alta que la exterior.
En escala planetario, la atmósfera refleja -es decir, rechaza- parte de las radiaciones solares; otra parte es absorbida por la propia atmósfera y, en última instancia, por la superficie terrestre, que también rechaza una parte en forma de radiaciones infrarrojas.

Cuando en la alta atmósfera existe un obstáculo, esas radiaciones no vuelven al espacio exterior, sino que son retenidas.
La función de los vidrios del invernadero es cumplida en ese ámbito por ciertos gases, en los que las radiaciones infrarrojas rebotan y vuelven a las capas atmosféricas bajas.
Si por alguna razón se incrementara la presencia de esos gases en la atmósfera, habría más cantidad de rayos infrarrojos rechazados. Ello produciría calor y generaría un calentamiento global de la Tierra.
Las consecuencias del efecto invernadero son la desestabilización del clima en el planeta y la fusión de parte del hielo hasta ahora inmovilizado en los casquetes polares. Los cambios climáticos ya pueden ser percibidos, en forma de huracanes, olas de calor y sequías. Pero lo más importante es que el deshielo generalizado de las regiones polares implicaría un aumento del nivel de los océanos, con el consiguiente anegamiento de las costas bajas de los continentes.

LA LLUVIA ÁCIDA

Las centrales termoeléctricas y los grandes complejos industriales emiten óxidos de azufre y de nitrógeno, que reaccionan con el vapor de agua presente en el aire y forman los ácidos sulfúrico y nítrico. La lluvia ácida es el resultado de esas reacciones químicas; consiste en agua de lluvia muy contaminada, que no necesariamente se precipita sobre los mismos lugares donde se originó. La acidificación del suelo perjudica varios tipos de cultivos: el agua ácida arrastra del suelo sales minerales de potasio, calcio y magnesio, necesarias para el crecimiento de las plantas.
En el hombre, este fenómeno es causa de distintas afecciones en el aparato respiratorio. En las ciudades la lluvia ácida provoca corrosión de edificios y monumentos. También disuelve metales tóxicos de las tuberías, como el cloro y el plomo, que pasan al agua potable.
El continente más castigado por la lluvia ácida es Europa, que ya tiene severamente dañados sus principales bosques

Informe 04: 2006, EL FIN DEL PETROLEO BARATO

Si en los últimos 150 años el hombre ha podido desarrollar la sociedad industrial ha sido gracias a encontrarse con una herencia insospechada e irrepetible: cientos de miles de millones de toneladas de hidrocarburos atrapados en el subsuelo del planeta, resultado de procesos geológicos fortuitos que a lo largo de millones de años fosilizaron la energía solar almacenada en inmensas cantidades de microorganismos prehistóricos. El petróleo ha sido, sin lugar a dudas, el carburante por excelencia del progreso económico del último siglo. Todo parece indicar, sin embargo, que el mundo está a las puertas de un cambio de tendencia sin precedentes: de petróleo abundante y barato a un suministro cada vez más caro y escaso.
Todo empezó a cambiar a finales del siglo XVIII, cuando el carbón proporcionó energía a las máquinas de vapor que iniciaron la verdadera Revolución Industrial, pero muy especialmente a partir de 1850, cuando se pusieron en producción los primeros pozos petrolíferos en Pennsylvania (EE UU). Con el carbón, el petróleo y el gas natural la humanidad descubrió que los límites al crecimiento no los fijaba ya la cantidad de energía solar captada en cada generación, sino la velocidad a la que podían extraerse los recursos energéticos fósiles, que a lo largo del último siglo se han convertido en el combustible vital de nuestra civilización. El 90% de la energía que el planeta consume es fósil. Del consumo energético mundial, el petróleo representa alrededor de un 40%; el carbón, un 26%, y el gas natural, un 24%. La energía nuclear (7%) y la hidráulica (3%) cubren el resto.
La viabilidad de la sociedad industrial actual y la continuidad de sus avances científicos, económicos y sociales depende en gran medida de la disponibilidad creciente de una fuente energética flexible, abundante y hasta hace poco fácil de obtener, pero finita. Aun así, el ser humano actúa como si el modo de vida consumista que ha acompañado a la industrialización fuera un derecho adquirido por tiempo indefinido y un objetivo extensible a buena parte de la población mundial: se disfruta de la herencia geológica como si de una renta vitalicia se tratara.
El consumo mundial de petróleo sobrepasa los 12.000 millones de litros al día, y según las directrices de la Política energética nacional estadounidense, elaborada en mayo de 2001 bajo la dirección del vicepresidente Cheney, para mantener las actuales tasas de crecimiento económico y de población el mundo necesita aumentar su consumo de crudo en un 2,1% al año. ¿Hasta cuándo será posible mantener una extracción creciente de un recurso finito y no renovable?. Tarde o temprano, el petróleo se agotará, y con él, el combustible que ha movido y mueve los engranajes del comercio mundial y del crecimiento económico, condición imprescindible para la continuidad de la economía de mercado que hoy rige los destinos de un mundo globalizado.

UN CRUDO ESCENARIO

Desde 1980 cada año se consume más petróleo del que se encuentra, y llegará un momento en que los costes de exploración superen el valor esperado de los descubrimientos. A partir de entonces resultará económicamente inviable seguir explorando: descubrir todo el petróleo implicaría realizar un número ilimitado de perforaciones, la gran mayoría fallidas.
Aun cuando no resulta fácil predecirlo con precisión, en la comunidad científica, geológica y petrolera se está alcanzando un consenso que sitúa el punto de máxima producción mundial a finales de esta década o a mediados de la siguiente. Los más optimistas, en general economistas, creen que puede alargarse algo más, quizá otra década, por la explotación de yacimientos atípicos que el alza de precios puede convertir en rentables.
Tengan razón unos u otros, lo cierto es que éste es un horizonte lo suficientemente próximo como para que nos afecte directamente, si no a nosotros, a nuestros hijos.
Las empresas de exploraciones petroleras posiblemente sean las que mejor conocen la dimensión del problema, y entre ellas, Halliburton, una de las principales compañías del sector. Su entonces consejero delegado y hoy vicepresidente de la Administración Bush, Dick Cheney, lo expuso con claridad el 15 de noviembre de 1999 en una conferencia impartida en el Institute of Petroleum de Londres: "Se espera de las compañías petroleras que sigan encontrando y produciendo suficiente petróleo para compensar los más de 71 millones de barriles que se consumen cada día, y para cubrir, además, la nueva demanda. Según algunas estimaciones, la demanda anual global crecerá al 2%, al tiempo que la producción caerá por motivos naturales un 3%, en el mejor de los casos. Esto significa que para 2010 necesitaremos producir unos cincuenta millones de barriles diarios adicionales" que hoy no tenemos localizados. ¿De dónde saldrá todo este petróleo?", se preguntaba Cheney.
"Aunque muchas regiones petroleras presentan buenas oportunidades, es en Oriente Medio, con dos terceras partes del petróleo mundial y unos costes mínimos de extracción, donde, en última instancia, se encuentra el trofeo", respondió. Según Cheney, las compañías petroleras se enfrentan a un problema adicional, ya que "el truco consiste, obviamente, en reemplazar también beneficios". "La mayoría de las petroleras obtienen la mayor parte de sus beneficios en áreas ya maduras, y posiblemente les sea difícil reemplazar los altos márgenes que obtienen en estos barriles. Buena parte del petróleo que se extrae en áreas nuevas tiene, obviamente, un alto coste y unos márgenes mínimos". Cheney confirmaba el análisis de los geólogos: el planeta se adentra en la segunda parte de la campana, menos petróleo y más caro.
Se estima que el precio del barril (ahora en unos 67 dólares) llegue a los 80 dólares, y para el final de esta década llegaría a los 100 dólares.

¿VUELTA A LA CRISIS DE LOS 70?

Tampoco es de esperar que este incremento siga una línea recta. Habrá momentos en que los precios flaqueen por los inevitables periodos de recesión que los propios aumentos desencadenen y por las medidas de ahorro energético que, a buen seguro, inducirán. Todo apunta, sin embargo, a que la tendencia subyacente será forzosamente al alza, de recesión en recesión. El mundo ya pasó por una experiencia similar a principios de los 70 cuando en siete años el precio del crudo se multiplicó por 10, provocando dos recesiones y medidas de ahorro energético que hicieron que por primera vez en la historia disminuyera el consumo. A partir de 1982, sin embargo, el consumo volvió a crecer, al tiempo que los precios, en términos reales, descendían a los niveles anteriores a la crisis. No es probable que este comportamiento de los precios vuelva a repetirse en la próxima década, ya que fue debido al gran excedente de capacidad que tenían entonces los países de la OPEP y a la incorporación al mercado de países no pertenecientes a esta organización. En la situación actual no existe tal excedente y muy pronto la producción de los miembros de esa organización será la única que no haya entrado en declive.
Otra circunstancia que diferencia la situación actual de los 80 es el papel que juega el dólar en el sistema monetario internacional y el abultado déficit exterior que ha acumulado EE UU en las dos últimas décadas. Las subidas de los 70 generaron enormes déficit en las balanzas comerciales de los países importadores, que se vieron obligados a contraer grandes cantidades de deuda externa, una situación que sólo superaron tras varios años de hiperinflación y después de orientar sus economías hacia la exportación. EE UU no tuvo este problema porque entonces era casi autosuficiente, pero a partir de 1983, cuando volvió a dispararse el consumo y con sus pozos en pleno declive, empezó a depender cada vez más del petróleo importado y a acumular déficit comercial hasta el medio billón anual de los tres últimos años. Por otra parte, para evitar que creciera su deuda externa, muchos países en desarrollo basaron su crecimiento en las exportaciones como medio para obtener los dólares necesarios para adquirir petróleo, y sólo el mercado estadounidense tiene volumen suficiente para absorber todas estas exportaciones, lo cual incrementó más todavía el déficit comercial estadounidense.
Este mecanismo económico, basado en un aumento constante de la deuda de EE UU, que actúa de motor de la economía internacional, funciona siempre y cuando los países productores no inviertan los ingresos obtenidos por la venta de petróleo en sus países, sino que los depositen en el sistema bancario estadounidense, adquiriendo instrumentos de deuda denominada en dólares. Es lo que intuyó en 1961 el economista francés Jacques Rueff cuando en un artículo en Fortune asimiló el sistema económico internacional a un juego "en el que al final de cada partida los ganadores devuelven sus ganancias a los perdedores". Los países que mantienen balanzas comerciales positivas con Washington por venta de sus productos intercambian los dólares que reciben por petróleo, y los gobiernos de los productores de petróleo devuelven buena parte de estos dólares a EE UU a cambio de una pequeña rentabilidad, de su seguridad y de la promesa de contrapartidas efectivas en un futuro. Sólo así se entiende que en Arabia Saudí, por ejemplo, alrededor del 25% de la población viva por debajo del umbral de pobreza y que el consumo calórico medio de sus ciudadanos sea menor que el de un libanés o un jordano; o que los ingresos per cápita sean ahora un tercio inferiores a los de 1982 y que los presupuestos de educación y sanidad no hayan crecido en 20 años. O que en Nigeria, después de 30 años de producción petrolera, se haya duplicado la población en la pobreza extrema hasta llegar al 66%.

EL PROTOCOLO DE UPPSALA

El Protocolo de Uppsala es una propuesta del grupo para el Estudio del Agotamiento de los Hidrocarburos de la Universidad de Uppsala (Suecia) para gestionar el más que probable declive de la producción mundial de petróleo, dirigido por el profesor Kjell Aleklett y con el apoyo de la Agencia de la Energía de Suecia y de la petrolera sueca Ludin Petroleum. Partiendo del irremediable agotamiento de las reservas de energía fósil, del acercamiento al punto de máxima producción mundial, de su impacto económico y social y de la necesidad de gestionar adecuadamente una transición hacia otros modelos energéticos, este grupo propone un gran acuerdo global sobre cuatro puntos:

1. Que los países productores acepten una auditoría técnica independiente de sus reservas petrolíferas y que se comprometan a no producir por encima de su tasa de agotamiento actual (porcentaje que representa su producción sobre la cantidad de petróleo que se estime les quede por producir).
2. Que los países consumidores adecuen sus importaciones a la producción mundial de petróleo que resulte de mantener constante la tasa de agotamiento global actual.
3. Mantener los precios del petróleo razonablemente estables en relación a los costes de producción para evitar flujos financieros desestabilizadores para que los países pobres puedan también adquirirlo, y para que no haya quienes puedan aprovecharse de la escasez.
4. Estimular el desarrollo de energías alternativas que puedan ir supliendo el déficit energético, y concienciar a la población de la necesidad de evitar el despilfarro energético y de adecuar nuestro tren de vida a la nueva realidad energética.

Si se aprobara este mecanismo de racionamiento mundial, la producción y el consumo disminuirían paulatinamente (o aumentarían sólo en la medida en que nuevos descubrimientos compensaran el consumo), pero de una forma controlada, previsible y concertada. El consumo energético global podría o no mantenerse en los niveles actuales en función de la capacidad de desarrollar fuentes alternativas. De lo contrario, el mecanismo de precios de mercado no hará sino desencadenar una escalada descontrolada del precio del petróleo que podría desembocar en una serie de acontecimientos geoestratégicos que acaben por desestabilizar todo el entramado económico internacional.

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EL PLANETA ES DE TODOS

El desacuerdo y la falta de compromiso en la última cumbre de Montreal sobre medioambiente podrían invitar al desaliento. Pero cada vez son más los países y las organizaciones que unen sus esfuerzos para cumplir los compromisos de Kyoto. Saben lo que buscan y cómo lo tienen que hacer. Sólo queda comprometerse a hacerlo.
Más que esfuerzo y apertura al diálogo, han faltado compromiso y consenso. Estados Unidos no reducirá sus emisiones de CO2 mientras muchos países en desarrollo no hagan lo mismo. Estos países argumentan que necesitan más tiempo hasta alcanzar el nivel de desarrollo necesario. ¿Quién tiene razón? No importa, pero la tierra no puede soportar más agresiones ni puede esperar mientras se culpan unos a otros. Los niveles de CO2, los más elevados en 650.000 años, afectan a toda la humanidad.
Además de no reducir sus emisiones, EEUU ha insistido en que no firmará nada que le imponga pautas ni un calendario a seguir. Si Europa propone un desarrollo sostenible y endógeno demostrará que su discurso ecológico no es tan sólo demagogia.
Kyoto sentó unas bases básicas sobre las que se puede seguir construyendo. Los países desarrollados se comprometieron a reducir un 5,2% sus emisiones de CO2 entre 2008 y 2012 respecto a 1990. De acuerdo con la Organización Internacional de la Energía los países desarrollados lograrían reducir sus emisiones entre un 15% y un 20% si aplicaran todos sus esfuerzos y tecnologías disponibles.
Debido al crecimiento de países como India, Brasil y México, esa reducción no significaría más que una disminución del 5% de las emisiones totales en el planeta. Son datos duros y concretos que no deben desanimar a países ya comprometidos a continuar con sus esfuerzos. El modelo de desarrollo de los países emergentes, importado desde los más desarrollados, está en la raíz del problema y debe abrirse a tecnologías limpias y sostenibles.
Muchas de estas tecnologías ya existen. En Noruega se produce energía con un eficiente aprovechamiento del desagüe en algunas localidades. El agua que sale de las casas se conduce hasta plantaciones de eucaliptos que luego son cortados y utilizados para combustión que, a su vez, produce el 50% de la electricidad de esas localidades. Se contamina menos, se aprovecha el agua y muchos agricultores tienen trabajo.
Alemania, Dinamarca y España cuentan con una importante producción de energía eólica. Si la mayoría de los países europeos no pueden contar siempre con el sol como una fuente constante de energía limpia, España, Italia y Grecia sí pueden. La utilización del hidrógeno es otra opción y ya es una realidad para muchos países desarrollados. Estas opciones son caras por ahora, en parte porque no se han desarrollado a gran escala. Una nueva forma asequible y segura de producir energía consiste en “capturar” el dióxido de carbono emitido al quemar combustibles fósiles para evitar que entre en la atmósfera. El carbono capturado se bombea después a almacenes subterráneos y es reutilizado.
Se trata de esfuerzos de cada día que trabajen como los eslabones de una cadena. Si Europa crea un modelo energético sostenible, los países emergentes con los que tiene una relación comercial seguirán sus pasos para ser compatibles. Entonces China, que sobrepasará los niveles de emisión de EEUU si mantiene su actual ritmo de consumo, hará lo mismo para no perder socios clave para sus ambiciones políticas y comerciales. Los norteamericanos no dejan de estar a la cabeza en cuanto a tecnologías, pero han decidido guardar sus energías limpias mientras intentan controlar las reservas mundiales de petróleo.
El planeta es responsabilidad de todos los países, desarrollados o no. El rumbo que tomen unos cuantos puede ayudar a que el mar anegue muchas ciudades costeras europeas o que los huracanes se sigan llevando a poblados enteros en el Caribe. Por eso, tampoco la Amazonía es de Brasil; es patrimonio de la humanidad, sin que esto signifique que otros países puedan expoliar sus recursos naturales con esta excusa. Es preciso ratificar los esfuerzos y los compromisos ya hechos mientras se buscan nuevos acuerdos.
El objeto del Estado no es aumentar el PIB o dar seguridad a cualquier precio. Aún si lo fuera, atacar a nuestro planeta nos deja en un estado de inseguridad por el riesgo de producir más y más fuertes catástrofes “naturales”. Lo primero es el bienestar de los ciudadanos: algo posible sólo en un mundo habitable.

Articulo extraido de www.rebelion.org